- Pues claro que hay más mujeres en el mundo. No soy idiota. Y habrá mujeres que tengan una sonrisa que avergüence a cualquiera sonreír, y habrá mujeres con unos ojos que te impidan moverte y habrá todo lo que me quieras contar y seguramente más. Pero no quiero la sonrisa más perfecta. Es la manera que forman sus labios al sonreír, son sus detalles que la hacen diferente, lo que hace que para mí sea única, sin comparación; como el tono rosado que siempre tienen sus labios, o su textura, siempre lisos y suaves.
Son detalles, como cuando se ríe. Es tan natural, que solo quiero besarla, pero besarla riéndose. Tengo que parar el impulso de no hacerlo en ese momento. Y cuando la beso así, no quiero ni que cierre los labios para besarme, quiero besar su sonrisa. Quiero de algún modo, sentirme parte de esa sonrisa.
Me encanta por ejemplo, cuando me mira antes de marcharnos, y ya me está echando de menos. Sonríe con los labios apretados y te da una sensación como de que no podría parar de sonreír aunque hiciese el mayor esfuerzo del mundo; inclina su cabeza hacia un lado, la recuesta sobre el cabecero del asiento del coche, y no puede dejar de mirarme, de mis ojos a nuestras manos y de las manos a mis ojos de nuevo. Entonces suspira, y dice un “no quiero”, como suplicante; y yo callo, no puedo superar sus palabras. Y piensas que habrá más días y no sabes lo equivocado que puedes llegar a estar.
Son tantos detalles. Es la ternura de su voz cuando me pide un abrazo, es el roce de sus manos cuando acaricia mi rostro para terminar cogiéndome con las dos manos y darme un suave beso, para después darme otro.
Me gusta hasta cuando me pega, porque al momento de hacerlo no puede disimular su sonrisa y me dice un: “Te lo has ganado” con ese tono juguetón de “te lo advertí”, y vuelve la vista a mí de vez en cuando de reojo, sin borrar la sonrisa de su cara.
Y me encanta abrazarla, que esté totalmente en mis brazos, y estar así mientras las horas se nos pasan como minutos, y me sonríe mientras le cuento algo al oído y me aprieta con más fuerza. Y jugamos, y nos besamos, y no paramos de reír ni en cada beso, ni en cada palabra y el mundo al final, acaba siendo solo un escenario para que nosotros seamos los protagonistas.
Esto es el cómo la quiero, lo verdaderamente importante es el por qué la quiero. Pero para que comprendieses eso, tendrías que ser uno de los dos.


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